Matrimonios bostonianos

diciembre 27, 2020

Lesbianas en el siglo XIX

¿Has oído hablar de los matrimonios bostonianos? En 1880, en el primer aniversario de su matrimonio, la autora Sarah Orne Jewett escribió un poema romántico para su pareja.

“¿Te acuerdas, cariño, hoy hace un año desde que nos entregamos la una a la otra?”

Jewett no se dirigía a su marido, sino a su esposa, Annie Adams Fields. Más de un siglo antes de que el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legal, Jewett y Adams vivían juntas en lo que entonces se conocía como Matrimonios bostonianos.

Matrimonios bostonianos
Annie Fields y Sarah Orne Jewett en la biblioteca de su domicilio en Charles Street (Published in Howe, Memories of a Hostess (Boston: Atlantic Monthly Press, 1922))

Matrimonios bostonianos – Unión entre mujeres.

No fueron las únicas. Durante varios años esta unión entre mujeres fue relativamente común e incluso socialmente aceptada. Estas mujeres compartieron no solo besos y abrazos, sino sus vidas.

Aunque la homosexualidad fue un tabú durante el siglo XIX, las relaciones románticas entre mujeres eran comunes. En aquellos tiempos, todavía se alentaba a las mujeres a existir en una esfera separada a la de los hombres. Seguía todavía vigente la distinción entre la esfera pública, que era propiamente “un mundo de hombres”, y la privada, a la que se relegaba la mujer, especialmente si pertenecía a la burguesía. Era común, que las mujeres casadas pasaran cantidades ingentes de tiempo juntas, compartiendo experiencias e impresiones, haciéndose confidentes las unas de las otras. También era común que compartiesen lecturas, y de ahí el tópico de la novela como un género literario eminentemente femenino, que hoy ya empieza a ser desmontado.

En las universidades las estudiantes se regalaban ramos de flores y poemas de amor. Estar enamorada de otra mujer se consideraba parte de la cultura universitaria femenina.

¿Qué fueron los Matrimonios bostonianos?

En este contexto, en que era habitual ver a mujeres cercanas, y también asociar la amistad entre mujeres a una relación de afecto y de cariño, pudieron pasar desapercibidas las lesbianas. Y así, verse aceptadas socialmente.

Un grupo de mujeres de Nueva Inglaterra llevó este concepto un paso más allá al “casarse”. Aunque no se comprometieran legalmente, vivieron juntas y se apoyaron mutuamente a largo plazo. Estas mujeres independientes traspasaron los límites de lo que la sociedad consideraba aceptable para las mujeres: asistieron a la universidad, formaron carreras y vivieron fuera del hogar de sus padres.

En 1885, el novelista Henry James exploró el fenómeno en su libro ‘Las Bostonianas’. La novela presenta una relación entre Verena Tarrant, una feminista abierta, y Olive Chancellor, que queda fascinada con la misma. Forman una relación y se mudan juntas.

Los Matrimonios bostinianos ofrecieron igualdad, apoyo e independencia a las mujeres que estaban decididas a salir del ámbito doméstico. También ofrecieron amor romántico: aunque cada relación era diferente, las mujeres a menudo se besaban y abrazaban, escribían cartas apasionadas cuando estaban separadas y compartían cama. Sin embargo, esto no se consideraba necesariamente sexual en el siglo XIX, ya que se suponía que las mujeres no tenían los deseos sexuales de los hombres.

¿Eran estas mujeres lesbianas en el sentido contemporáneo de la palabra?

Aunque no podemos adivinar los comportamientos en el dormitorio de las personas del pasado, es seguro que muchas de las mujeres en los Matrimonios bostonianos sí compartieron contacto sexual.

Para algunas mujeres, estos matrimonios se utilizaron como fachada para las relaciones que consideraríamos lesbianas en el siglo XXI. Como dijo la historiadora Stephanie Coontz

“Un par de mujeres que realmente tuvieran relaciones sexuales podían fácilmente arreglárselas para estar juntas sin despertar sospechas de que era algo más que afecto femenino”.

Stephanie Coontz

Irónicamente, la práctica se desvaneció cuando la gente se dio cuenta del lesbianismo. En el cambio de siglo, el concepto de “inversión sexual” hizo posible categorizar las relaciones que alguna vez se habían considerado socialmente aceptables como sexualmente desviadas.

Si esto no es amor, ¿qué es?

Aunque Jewett y Fields vivieron juntas durante más de dos décadas, los editores de Jewett parecen haber eliminado detalles reveladores de sus cartas a Fields para evitar que los lectores asumieran que eran lesbianas.

Se necesitarían más de 100 años en adelante para que el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legalmente aceptado. Pero incluso en la muerte, el compromiso y el amor de las parejas del mismo sexo del siglo XIX sigue vivo, como el de la novelista Willa Cather y su compañera de toda la vida, Edith Lewis. La pareja vivió en unión y compromiso durante casi 40 años. Ahora están enterradas juntas en un cementerio de New Hampshire. Si eso no es amor, ¿qué es?